El costo real no siempre es dinero
Hay decisiones que parecen pequeñas: “algún día empiezo”, “cuando tenga tiempo”, “cuando esté listo”. Pero lo que más pesa con los años casi nunca es lo que intentamos y salió mal… sino lo que no hicimos.
¿De qué tipo de decisiones nos arrepentimos más? Los psicólogos Dan Gilbert y Thomas Gilovich pidieron a grupos de personas que recordaran algo de lo que se arrepintieran. Algunos mencionaban lo que habían hecho: casarse con la persona equivocada, elegir mal una carrera, decir algo en un momento inoportuno. Otros hablaban de lo que no habían hecho: no declarar un amor, no animarse a un cambio, no perseguir un sueño. Años después, los investigadores repitieron el experimento y la conclusión fue fascinante: los arrepentimientos por acción disminuían con el tiempo, pero los de omisión, lo que no hice, persistían y crecían. El dolor del error se apaga, el de la omisión no. Nos arrepentimos más de lo que no hicimos que de lo que hicimos mal, porque al final no cargamos tanto con los errores que cometimos, sino con las vidas que no nos animamos a vivir.
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